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"Ciudad enmascarada que nos escondés el rostro a nosotros tus hijos: ¿Bailan juntos en tus noches los vivos y los muertos? ¿Salen juntos de cacería los vivos y los muertos? ¿Por qué tan larga nuestra vela de armas? ¿Con qué tinta se dibuja tu rostro?´¿Con qué sangre? ¿Mueren de estafa los hombres que mueren para que nuevamente nazcas?" Eduardo Galeano, "La canción de nosotros"

lunes, junio 09, 2008

1976: INDUSTRIA ARGENTINA

Fotografía : alejandrastein.com
        
Tengo veinte años.
El tiempo se ha parado.
Estoy en una cueva con los ojos vendados.
Esta soy yo
Y no soy.
Hay mucha gente con los ojos vendados.

Tengo veinte años y ha llegado el final.
Así que era así:
La puerta abierta a punta de pistola
Las tres de la mañana
Y la noche rajada a culatazos.

Las luces encendidas no me mires la cara si me mirás te mato
Al suelo rápido al suelo las mantas las vendas la casa saqueada
Suban al coche abajo esas cabezas abajo que no los vea nadie
Corremos giramos corremos frenamos humedad
Aquí todo es de piedra
No veo nada pero debe ser gris
Ahora viene lo peor y después nada y después una bala.
Se acabó.
Aquí hay muchos enchufes

No los veo pero sé
Que la electricidad funciona
La cuenta de la luz está pagada.
Pienso en el chico que creía querer
Pero no siento nada.
Lo más triste es saber
Que no lo echaré en falta.

Tengo veinte años.
Se han llevado a mi hermana.
Estoy en una cueva con los ojos vendados.
Mi hermana.
Encerradas en la habitación escondidas jugamos
A la primera comunión. Que no entre nadie.
Yo no maté al niño Jesús no lo he matado.
Habla bajito hermana que no se entere nadie
Soñamos con un vestido blanco con ser como todos
Los domingos repican las campanas
Católica apostólica romana como todos
Por qué tuvimos que nacer en esta familia
Judía de izquierdas atea renegada
Vamos a jugar que no se entere nadie
Juguemos a que somos como todos
Y después te cambio mis figuritas de brillantes

Total al final del juego el cura nos absuelve
Y aquí no pasó nada.

Mi hermana.
Dónde está mi hermana.
Me duelen las figuritas con brillantes
La dama antigua con su traje rojo.
Los brillantes pinchan como agujas
Como un vidrio clavado en la carne
Como trozos de vida despegada.
Aquí hay muchos enchufes.
Los gritos de mi hermana
Atada.
La cuenta de la luz está pagada.

Así que era así.
Veinte años.
Se acabó.
Y no he tenido un hijo
No he escrito ningún libro
Y no he plantado un árbol.
Veinte años y no haber hecho nada.
Así que era así.
Un empujón.
Otra vez en el coche.
El ruido del motor.
No digas nada dice una voz
Pendeja se acabó
No digas nada aquí no pasó nada.

El motor se ha parado.
Veinte años.
El aire de la noche y los ojos vendados.
Otro empujón afuera se acabó.
El portazo retumba como un trueno.
Tiembla el silencio. El coche
Arranca.
Estoy de pie con los ojos vendados.
No mires atrás si me mirás te mato.
Estoy de pie esperando la bala
Que hará de mí una estatua de sal
Rota en el vertedero de la noche
Con las manos atadas y los ojos vendados.

¿Cuánta gente se quedó en esa cueva
Con los ojos vendados?

El aire de la noche corta
Las figuritas de brillantes.
Apenas siento lo que siente
Un trozo de papel.

Espero esa bala que me hará un agujero
Y se acabó.
Arranca el coche.
Ahora
Me alcanzará la bala.
Se cae el traje rojo.
Se me despegan todos los brillantes.
El ruido del motor desaparece
Y no llega la bala.

Esta soy yo y no soy.
Veo mi cuerpo en la noche
Callada.
Ya no hay motor ni hay nada
Solamente la voz en mi cabeza
No te muevas pendeja
No hagas nada no digas nada aquí no pasó nada.
Pesa el silencio. El miedo
Aplasta.
No sé cómo me atrevo a liberar mis manos
Y me quito la venda
Y no llega la bala.
En la oscuridad desestrellada
Estamos todos
Vivos
Y volvemos a casa.

Esta soy yo y no soy.
Encendemos la luz despilfarramos
Todas las luces de la casa.
Nos aferramos a los gestos rutinarios
Corre el café caliente sobre el miedo
Se alza la risa hueca sobre el miedo
Chirrían las carcajadas
Sobre los despojos de la razia.

La muerte no nos quiso. La siega estaba hecha.
La guadaña
Despreció nuestras vidas y nos hendió el alma.
Somos libres
De recordar los rostros que no vimos
De saber que a ellos sí los alcanzó una bala.

¿Libres?
Marionetas atadas a las ruedas
Arrolladoras del carro de la vida;
Galeotes condenados a ir y venir del Hades
Ese sitio donde dios mira para otro lado mientras dice
Aquí no pasó nada.

¿Seremos otra cosa que rehenes
De una historia macabra?

¿Cuánta gente se quedó en esa cueva
Con los ojos vendados?
¿Cuántas risas quebraron esas balas
Que no me dispararon?

Treinta años después
Se han abierto los cielos y los mares.
Mis ojos
Han recorrido el mundo a plena luz
Pero yo
Sigo encerrada en una cueva
Con los ojos vendados.

Sevilla, viernes 13/10/2006


1 comentario:

Carlos Paredes Leví dijo...

Y lo peor, con todo, es que la vergüenza siempre acompaña a las víctimas, no a los verdugos....
Un saludo.

Me fascinaron sus palabras.

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Yo no soy sólo yo/ este cuerpo en la tierra/ estos ojos/ estos pies/ estas manos./ Yo no soy sólo yo:/ vengo desde muy lejos/ soy los que quise y quiero/ los que son/ los que fueron.

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